Presunción de inocencia

LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

presunción de inocenciaEs el derecho de todo imputado en un proceso penal a ser tratado como si fuese inocente, hasta que una sentencia firme establezca su condena.

Puede afirmarse que la presunción de inocencia constituye uno de los pilares básicos del sistema penal de los Estados democráticos, habiéndose recogido en distintos instrumentos internacionales.

El criterio del mantenimiento de la presunción de inocencia hasta que se prueba la culpabilidad más allá de toda duda razonable (beyond a reasonable doubt) está muy arraigado en el Derecho anglosajón, y constituye uno de los principios básicos del sistema procesal norteamericano, ligado al derecho constitucional a un proceso debido (due process of law).

Presunción de inocencia en la Constitución española

Se encuentra expresamente recogido en la Constitución española.

Recordemos que su artículo 24.2 dispone que:

Asimismo, todos tienen derecho al Juez ordinario predeterminado por la ley, a la defensa y a la asistencia de letrado, a ser informados de la acusación formulada contra ellos, a un proceso público sin dilaciones indebidas y con todas las garantías, a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar contra sí mismos, a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia”.

El derecho a la presunción de inocencia ha sido ampliamente construido por la jurisprudencia, especialmente del Tribunal Constitucional.

La presunción de inocencia está reconocida en los distintos instrumentos internacionales en materia de derechos humanos: en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (1948), cuyo artículo 11.1 establece que:

toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad”

En el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966), cuyo artículo 14.2 dispone que:

Toda persona acusada de un delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad conforme a la ley”

En el Convenio Europeo de Derechos Humanos (1950), cuyo artículo 6.2 proclama que:

Toda persona acusada de una infracción se presume inocente hasta que su culpabilidad haya sido legalmente establecida”

En la Convención Americana sobre Derechos Humanos (1969), cuyo artículo 8.2 establece que:

Toda persona inculpada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se establezca legalmente su culpabilidad’;

En la Carta Africana sobre Derechos Humanos y de los Pueblos (Carta de Banjul, 1981), en cuyo artículo 7 b) se reconoce “el derecho [de toda persona} a que se presuma su inocencia hasta que se pruebe su culpabilidad por una corte o tribunal competente”.

PRINCIPIO DE PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

El principio de presunción de inocencia tiene una doble dimensión: por un parte como regla de tratamiento, y por otro lado como regla de juicio.

El Tribunal Constitucional español, en su sentencia 128/1995, de 26 de julio, en referencia a la prisión provisional, afirma que la presunción de inocencia

opera en el seno del proceso como una regla de juicio; pero constituye a la vez una regla de tratamiento, en virtud de la cual el imputado tiene el derecho a recibir la consideración y el trato de no anular o no participe en hechos de carácter delictivo”.

Como regla de tratamiento, determina que el imputado ha de ser tratado como si fuese inocente, hasta que una condena definitiva no demuestre lo contrario.

De esta manera, está presente en todo el proceso penal, y a lo largo de sus distintas instancias.

Como regla de juicio, la presunción de inocencia despliega sus efectos en el momento de la valoración de la prueba.

Se encuentra ligada a la propia estructura del proceso, y en particular a la técnica de la declaración del hecho probado.

Mientras que en el proceso civil el juez ha de considerar los hechos alegados por las partes contrapuestas como datos a probar por quien los afirma; en cambio, en el proceso penal el juez tiene como punto de partida la inocencia del imputado, de modo que, en caso de que la parte acusadora no acredite cumplidamente su acusación contra aquél, la inocencia interinamente afirmada se convertirá en verdad definitiva.

Hay que analizar su relación con el principio de libre valoración de la prueba con tenido en el artículo 741.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Según este precepto:

El Tribunal, apreciando, según su conciencia las pruebas practicadas en el juicio, las razones expuestas por la acusación y la defensa y lo manifestado por los mismos procesados, dictará sentencia dentro del término fijado en esta ley”.

El juez o tribunal puede apreciar la prueba según el principio de libre valoración, pero solamente podrá entrar a valorar aquella prueba que reúna los requisitos necesarios para enervar la presunción de inocencia.

Presunción de inocencia España

Siguiendo a Gimeno Sendra, se pueden establecer las siguientes notas esenciales para que la actividad probatoria sea suficiente para fundamentar una sentencia condenatoria:

a) La carga material de la prueba corresponde exclusivamente a las partes acusadoras, y no a la defensa.

Es doctrina reiterada del Tribunal Constitucional (sentencia 303/1993) sobre la presunción de inocencia la de que dicha presunción ocasiona un desplazamiento de la carga de la prueba a las partes acusadoras a quienes incumbe exclusivamente (y nunca a la defensa) probar los hechos constitutivos de la pretensión penal (Sentencias 3111981, 107/1983, 124/1983 y 17/1984).

Por otra parte, dicha actividad probatoria ha de ser suficiente para generar en el Tribunal la evidencia de la existencia, no sólo de un hecho punible, sino también de la responsabilidad penal que en él tuvo el acusado (Sentencias del Tribunal Constitucional 141/1986, 150/1989,
134/1991,76/1993 y 303/1993).

a) La prueba ha de practicarse en el juicio oral bajo la inmediación del juez o tribunal sentenciador.

La actividad probatoria ha de sustentarse en auténticos actos de prueba practicados en el juicio oral bajo la vigencia de los principios de igualdad, contradicción, inmediación y publicidad (Sentencias del Tribunal Constitucional 3111981, 217/1989, 41/1991, 118/1991 y 303/1993). Ahora bien, y como afirma la sentencia del Tribunal Constitucional 303/1993, de esta última doctrina general hay que exceptuar los supuestos de prueba sumarial preconstituida y anticipada que también se manifiestan aptos para fundamentar una sentencia de condena siempre y cuando se observe el cumplimiento de determinados requisitos materiales (su imposibilidad de reproducción en el momento del juicio oral: artículo 730 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal), subjetivos (la necesaria intervención del Juez de Instrucción), objetivos (1; posibilidad de contradicción, para la cual se le debe proveer de Abogado al imputado) y formales (la introducción en el juicio oral a través de la lectura de documentos requerida por el artículo 730).

c) No constituyen actos de prueba los atestados ni los otros actos de investigación realizados por la policía.
Téngase en cuenta que, de conformidad con el artículo 297.1 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, “los atestados que redactaren y las manifestaciones que hicieren los funcionarios de Policía judicial, a consecuencia de las averiguaciones que hubiesen practicado, se considerarán denuncias para los efectos legales”.

De esta manera, los atestados no se erigen en medio, sino en objeto de prueba.

Por esta razón, los hechos en ellos afirmados han de ser introducidos en el juicio oral a través de auténticos medios probatorios, como lo es la declaración testifical del funcionario de policía que intervino en el atestado, medio probatorio este último a través del cual se ha de introducir necesariamente la declaración policial del detenido, pues nadie puede ser condenado con su solo interrogatorio policial plasmado en el atestado (sentencias del Tribunal Constitucional 47/1986, 80/1986, 161/1990 y 80/1991).

A la Policía judicial, más que realizar actos de prueba, lo que en realidad le encomienda el artículo 126 de la Constitución es la “averiguación del delito y descubrimiento del delincuente”, esto es, la realización de los actos de investigación pertinentes para acreditar el hecho punible y su autoría (sentencia del Tribunal Constitucional 303/1993)

d) El juez o tribunal no puede fundamentar su sentencia en una prueba prohibida. La actividad probatoria ha de sustentarse en auténticos actos de prueba obtenidos con estricto respeto a los derechos fundamentales (Sentencias de Tribunal Constitucional
114/1984, 50/1986, 150/1987 y 303/1993), y no en pruebas obtenidas con violación de dichos derechos (derecho a la intimidad, inviolabilidad del domicilio, etcétera). A estos efectos, el último inciso del artículo 11.1 de la Ley Orgánica del Poder Judicial establece que:

no surtirán efecto las pruebas obtenidas, directa o indirectamente, violentando los derechos o libertades fundamentales”.

d) El juez o tribunal tiene obligación de razonar la prueba, es decir, debe explicitar las razones por las cuales ha otorgado valor probatorio a determinada prueba.

Aunque esta obligación no se encuentra expresamente prevista en la normativa legal, la doctrina y la jurisprudencia lo deriva como consecuencia del derecho a la tutela judicial efectiva (artículo 24.1 de la Constitución) y del derecho a la presunción de inocencia (artículo 24.2 de la Constitución).

El órgano sentenciador habrá de expresar, pues, en su resolución el material probatorio tenido en cuenta para formar su convicción, así como las razones justificativas del valor que les haya dado, y en su caso el razonamiento realizado en la aplicación de la denominada prueba de indicios.

Como afirma la sentencia del Tribunal Constitucional 34/1996, “la valoración conjunta de la prueba practicada es una potestad exclusiva del juzgador, que éste ejerce libremente con la sola obligación de razonar el resultado de dicha valoración”.

presuncion de inocencia en el Tribunal Supremo

El derecho a la vida e integridad física, es, sin sospecha, el derecho más preciado.

Por esta razón la Constitución le dedica deliberadamente el artículo 17, en el que con una clara función de aval tendente a eludir las detenciones arbitrarias y a procurar, a través del habeas corpus, su inmediato restablecimiento.

El derecho a un juicio con todas las garantías» aparece deliberadamente recogido en el artículo 24.2 de la Constitución, la subordinación que a este mandamiento constitucional le ha suministrado la constitución del Tc es, la de una índole de «cajón de sastre» en el que tienen superficie todos los derechos importantes de incidencia procesal que no puedan ser subsumidos los demás derechos del artículo 24de la Constitución, especialmente en los derechos a la guardia, de protección y a la presunción de inocencia.

El derecho fundamental a la libertad no se podría producir valer con validez internamente del proceso, si no existieran otros derechos fundamentales de incidencia procesal, que, sin embargo no de modo exclusivo (véase al respecto el art. 18 que, entre otros, contempla la inviolabilidad del domicilio y el secreto de las comunicaciones), se encuentran contenidos esencialmente en el arto 24, de entre los cuales el más importante de ellos es el derecho de defensa.

Una vez ejercitado el derecho de acción y comparecidas las dos partes, acusación y defensa, en el proceso penal, se hace preciso que su postulación se efectúe en condiciones de igualdad procesal, dado que una de las garantías imprescindibles del derecho fundamental que nos ocupa es el principio de «igualdad de armas»,

PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

Junto al derecho a un cambio con todas las señales, el arto 24.2 Ce yuxtapone la «presunción de inocencia» o derecho que a todo imputado asiste a que se presuma su castidad hasta tanto no recaiga contra él una Sentencia penal firme de condena.

La presunción de inocencia está, puesto que, presente a lo largo de todas las fases del proceso penal y de todas sus instancias. A diferencia del enjuiciamiento penal inquisitivo del Antiguo Régimen en el que una mera denuncia, adverada por dos declarantes libres, daba lugar a una mala fama en el investigado que permitía al Juez inquisidor determinar la cárcel preventiva e inclusive, en la confesión con cargos, el uso de la tortura, una de las conquistas esenciales del movimiento liberal consistió en alzar a rango constitucional el derecho de todo ciudadano sometido a un proceso penal a ser presumido inocente.

El derecho constitucional a la presunción de inocencia que asiste a toda persona se quebranta, pues, cuando no se haya practicado una actividad probatoria, por mínima que fuere, de la que pueda deducirse razonablemente la participación del acusado en el hecho ilícito,

La presunción de inocencia ha de desplegar, pues, sus efectos en la fase instructora, impidiendo que los actos limitativos de los derechos fundamentales, en general, y la prisión provisional, en particular, no puedan ser adoptados sin la existencia previa de fundados motivos de participación en el hecho punible del imputado y tras una resolución motivada en la que se cumplan todas las exigencias del principio de proporcionalidad

No obstante lo anterior, la doctrina del TC, nacida con ocasión de la interpretación de la presunción de inocencia, ha sido extremadamente parca en reclamar su vigencia dentro de la instrucción en la que las vulneraciones a dicha presunción de algún modo han sido subsumidas por el derecho fundamental infringido (el derecho a la libertad, a la inviolabilidad de domicilio, de defensa, etc.).

En la actualidad, dicha doctrina constitucional está reconducida exclusivamente a la actividad probatoria y, dentro de ella, fundamentalmente a la libre valoración de la prueba, en donde adquiere una singular relevancia práctica jurisdiccional, con posibilidad de contradicción y con escrupuloso respeto al derecho de defensa y no pueda ser reproducida el día de la celebración del juicio oral.

«Cierto es que el principio de producción de pruebas en el juicio oral no es absoluto y este Tribunal ha admitido la posibilidad de pruebas preconstituidas conforme a la Ley procesal e incluso las diligencias sumariales en casos especiales o singulares, pero siempre que se reproduzcan en el juicio oral o se ratifiquen en su contenido los protagonistas o se dé a las partes la posibilidad de contradecirlas en dicho acto, no bastando la simple fórmula «por reproducidas» del uso forense y sin más atención sobre ellas, ni aun con el asentimiento del acusado, porque no hay que olvidar que tanto por el principio acusatorio, como por imperativo constitucional, es al acusador, público o privado, a quien corresponde aportar las pruebas de cargo o incriminatorias, es decir, no es el acusado el que tiene que acreditar su inocencia, sino la acusación su culpabilidad … »

NO CONSTITUYEN ACTOS DE PRUEBA LOS ATESTADOS Y DEMÁS ACTOS DE INVESTIGACIÓN DE LA POLICÍA JUDICIAL

Los atestados y demás informes que pudiera realizar en ellos la policía tienen, conforme al artículo 297, el mero valor de denuncias y, por lo tanto, no pueden ser considerados como «medio», sino como «objeto» de prueba.

Por consiguiente, si las partes acusadoras pretenden que los hechos vertidos en el atestado puedan ser estimados, como probados, por el Tribunal sentenciador, será necesario recibir declaración, en calidad de testigo y en el juicio oral, al funcionario de policía que intervino en el atestado, conforme a lo dispuesto en el art. 297.2°.

Pero, la más reciente doctrina jurisprudencial ha venido a admitir, aunque de forma excepcional, un cierto valor de prueba a las actuaciones policiales en las que concurran, entre otros, los siguientes requisitos: en primer lugar, tener por objeto la mera constatación de datos objetivos, con fotografías, croquis, resultados de pruebas alcoholométricas, etc.; en segundo término, ser irrepetibles en el juicio oral; y, por último, que sean ratificadas en el juicio oral, con la declaración del policía, como testigo de referencia que interviene en el atestado. No se puede fundamentar la Sentencia en una prueba prohibida.

Además existen otros principios que deben ser respetados:

No se puede fundamentar la sentencia exclusivamente en la declaración de los coimputados

El Tribunal está obligado a razonar la prueba.

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