SUSPENSIÓN DE LA PENA

La suspensión de la condena, no es una consecuencia automática y segura para aquellas personas que delinquen por primera vez, pues se trata de una facultad del Tribunal  sentenciador, que puede conceder o no y que de manera esencial valora la peligrosidad del penado.

En el artículo 88 se prevé la sustitución de las penas de prisión que no excedan de un año y, excepcionalmente, las penas de prisión de hasta dos años por multa o trabajos en beneficio de la comunidad y se prevé también la sustitución de la pena de arresto de fin de semana por multa o trabajo en beneficio de la comunidad.

Una vez producida la condena por sentencia, el sistema penal español busca que el castigo impuesto sea racional, justo y útil.

Desde hace muchos años está en cuestión la eficacia de las penas cortas de prisión que, en todo caso, tienen que ir encaminadas  a la reeducación del autor, de ahí que el Código Penal haya  nutrido una serie de medidas para modular el cumplimiento de las penas privativas de libertad.

Uno de estos mecanismos es la suspensión de la ejecución de la condena o condena condicional, pero no es el único.

En el artículo 89 se regula la sustitución de las penas de prisión a extranjeros por expulsión del territorio nacional y en los artículos 90 a 93 se regula la libertad condicional, que es un régimen de cumplimiento de la pena de prisión en régimen de semilibertad para aquellos presos que hubieran cumplido las tres cuartas partes de su condena.

Pues si el condenado hubiera delinquido anteriormente no se le podría conceder la suspensión de la pena, no por un problema de reincidencia (que tiene su consecuencia en la cuantificación de la pena al actuar como agravante) sino que se responde con el concepto de “habitualidad”

Para la suspensión de la condena se requiere que no exista “habitualidad” que como señalamos en este artículo se suele confundir con la reincidencia.

Como venimos indicando son distintos conceptos la reincidencia y la habitualidad, figura penal ésta última, que consiste en la consideración negativa que tiene para el reo la reiteración de conductas en distintos órdenes. Podemos enumerar las siguientes: