circunstancias agravantes en la violación

Agravantes en el delito de violación

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violacion con agravantes

violacion Respecto a la violación con agravantes, el artículo 180 del Código Penal, procede de la modificación operada en el Código Penal por la Ley Orgánica 11/1999, de 30 de abril y alude a las circunstancias que agravan tanto el delito de agresiones sexuales básico como del cualificado (violación), estableciendo que las anteriores conductas serán castigadas con las pena, de prisión de cuatro a diez años para la, agresiones del artículo 178 y de doce a quince años para las del artículo 179, cuan do concurra alguna de las siguientes círcunstancias:

  1. Cuando la violencia o intimidación ejercidas revistan un carácter particularmente degradante o vejatorio. La redacción de este precepto parece desafortunada ya que en este campo de la agresión sexual, toda violencia o intimidación es degradante y vejatoria, por ello la distinción entre violencia o intimidación normal y la revista un carácter particularmente vejatorio, es tan sutil que no resulta nada fácil y, además, en la práctica, es especialmente difícil comprender los supuestos que se consideran no abarcado por este tipo privilegiado.
  2. Cuando los hechos se cometan por la actuación conjunta de dos o más.
    Esta circunstancia sólo exige participación conjunta de varias personas (dos o más), aunque unos sean autores y otros cómplices ello no impide, desde luego, que el tipo agravado sea de aplicación a todos ellos, uno o unos como autores y otro u otros como cómplices.
  3. Su fundamentación hay que buscarla en la limitación de posibilidades de eludir la agresión (defensa, huida … ), que supone para la víctima y en la mayor potencialidad lesiva para el bien jurídico de estos ataques, que suponen un incremento del desvalor de la acción.
  4. Cuando la víctima sea especialmente vulnerable, por razón de su edad, enfermedad o situación, y, en todo caso, cuando sea menor de 16 años. En este caso, la cualificación de la pena se debe a la “vulnerabilidad’ de la víctima.  Exigiéndose evidentemente que el dolo del autor abarque, puesto que precisamente se aprovecha de ello, de la vulnerabilidad personal. Los criterios apartados por el Código para examinar esa vulnerabilidad son: la edad; la enfermedad; la situación; y, en todo caso, la minoría de 16 años.
  5. La ley estima que el menor de 16 años es especialmente vulnerable en todos los casos. Se presume que la edad inferior a 16 años es causa de vulnerabilidad especial.

En los demás casos, esto es menores de edad pero de más de 16 años, personas enfermas o que por su situación puedan ser especialmente vulnerables, es preciso acreditar que el autor se aprovechó de esa situación de indefensión de la víctima que bien sea por su corta edad, su ancianidad, su invalidez o bien por hallarse privada de sentido por cualquier razón, no tuvo posibilidad de defenderse de la agresión. El fundamento de la agravación se encuentra en que la víctima por diversas razones se encuentra de hecho más vulnerable, lo que implica una mayor facilidad para cometer el hecho y, paralelamente, una mayor dificultad de defensa por parte de la víctima.

Es preciso que esa vulnerabilidad de la víctima implique o se traduzca en una mayor debilidad de la víctima, en una mayor indefensión.

  1. Cuando, para la ejecución del delito, el responsable se haya prevalido de una relación de superioridad o parentesco, por ser ascendiente, descendiente o hermano, por naturaleza o adopción, o afines, con la víctima. En el apartado 4 del n 1 del artículo 180 el Código Penal recoge dos tipos agravados: uno, basado en el prevalimiento de una relación de superioridad y el otro, en razón a prevalerse de una relación de parentesco.
    Así pues, ambos tipos tienen en común que el sujeto activo ha de obrar con prevalimiento. La relación de superioridad ha de estar basada en la existencia de una relación en la que, de hecho, el autor tenga un importante ascendiente sobre la víctima, en otras palabras, capacidad de hecho para influir en ella haciendo difícil para la víctima la negativa. Este es el fundamento de la agravación y que ha de resultar de los hechos ocurridos. La relación de parentesco el Código la concreta en que se trate de ascendiente, descendiente o hermano por naturaleza o adopción, o afines.
  2. Cuando el autor haga uso de armas u otros medios igualmente peligrosos, susceptibles de producir la muerte o alguna de las lesiones previstas en los artículos 149 y 150 de este Código, sin perjuicio de la pena que pudiera corresponder por la muerte o lesiones causadas. Habrá de considerarse medio peligroso cualquier instrumento que tenga un poder mortífero o vulnerante como armas de fuego, armas blancas, o armas contundentes como palos, piedras. El fundamento de la agravación se encuentra en el mayor peligro que entraña para la víctima una agresión sexual en la que se usan armas o medios peligrosos.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo viene entendiendo reiteradamente que hacer uso de las armas o medios peligrosos no significa que sean utilizadas en el sentido de que sean disparadas o clavadas, sino que basta con el uso como exhibición. La mera exhibición conminatoria del arma o medio peligrosos es suficiente.

Por “arma” ha de entenderse tanto las de fuego como las denominadas armas blancas y por “medio igualmente peligroso” cualquier instrumento que tenga similar capacidad mortífera o lesiva que un arma. La peligrosidad del arma o del medio o instrumento utilizado ha de ser tal que, como expresamente señala el Código, sea susceptible de producir la muerte o alguna de las lesiones previstas en los artículos 149 y 150 del Código penal.

Por ultimo el artículo 180 en su párrafo 2 dispone “Si concurrieren dos o más de las anteriores circunstancias, las penas previstas en este artículo se impondrán en su mitad superior”.

La sentencia del Tribunal Supremo de 23 de marzo de 1.999 siguió el criterio mantenido por la Fiscalía; Se trataba del padre de una menor que, en fechas no determinadas pero comprendidas desde el año 1995 hasta el mes de septiembre de 1996, aprovechando que pasaba en repetidas ocasiones al dormitorio de su hija, debido a que ésta tenía miedo, y con la finalidad de procurarse satisfacción sexual, realizó a la pequeña tocamientos en sus órganos genitales en un número indeterminado de veces, nunca inferior a tres, en cuyas ocasiones llegó a introducirle un dedo en la vagina a la cual igualmente aproximó el pene sin llegar a penetrarla.

La Audiencia de Murcia entendía que la introducción de los dedos en la vagina de la niña “constituye un supuesto que se encuentra entre el acceso carnal y la introducción de objetos, y por lo tanto, comprendido en dicho precepto, pero el Tribunal Supremo entendió que los dedos no pueden ser considerados como “objetos” a los efectos agravatorios de la sanción penal de la agresión sexual, asumiendo expresamente el criterio acogido por la Fiscalía General del Estado en su Circular 2/1990″.

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