asesinato

ASESINATO; HISTORIA

Puede afirmarse que en el Derecho Romano la “Lex Cornelia  de sicariis et veneficiis” ya hacía referencia a la muerte realizada por precio o mediante veneno. Sin embargo, el término asesinato tiene su origen en la Edad Media, y deriva de la voz árabe “baxaxin” o consumidores de haschis, nombre que recibían en la época de las Cruzadas miembros de una secta de fanáticos musulmanes que, bajo el efecto de la citada droga, se dedicaban a asaltar y saquear campamentos de los cristianos. La figura del asesinato ya se recogió en el Código Penal español de 1822 y ha estado presente en todos los Códigos Penales posteriores.

El bien jurídico protegido por el asesinato es el mismo que el delito de homicidio: la vida humana independiente. El Tribunal Constitucional interpreta que la protección de la vida humana tiene rango constitucional; el primer inciso del artículo 15 de la Constitución española establece que:

“todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes”.

Tradicionalmente han venido coexistiendo varias posturas sobre su naturaleza.
Unos estiman que el homicidio es el delito básico, mientras que el asesinato es un mero tipo agravado del homicidio, sin sustantividad propia, de tal manera que los elementos del asesinato (alevosía, ensañamiento y precio, recompensa o promesa) tienen la consideración de circunstancias modificativas de la responsabilidad (al igual que las del artículo 22 del Código Penal). La mayoría de la doctrina y de la jurisprudencia vienen entendiendo, al contrario, que el asesinato es un tipo de delito autónomo frente al homicidio, de tal forma que las circunstancias contempladas por los artículos 139 y 140 del Código Penal son elementos constitutivos del delito de asesinato y no meras circunstancias agravantes. La adopción de una u otra postura no tiene solamente un carácter teórico, sino que despliega efectos sobre las consecuencias derivadas del error sobre los elementos agravantes, sobre la comunicabilidad a los partícipes.

Independientemente de la postura que se adopte sobre su naturaleza jurídica, lo que no está sometido a discusión es que tiene una serie de elementos comunes con el delito de homicidio, como son el bien jurídico protegido (la vida humana independiente), la conducta típica (matar) , y los sujetos activo y pasivo (cualquier persona, sin que el tipo exija ningún requisito especial para el autor o para la víctima). A estos efectos, véase “Homicidio“.

El dolo del autor debe abarcar tanto sobre la conducta típica (matar a otro) como sobre las circunstancias específicas del artículo 139. No cabe la comisión imprudente.
¿Es posible el dolo eventual? La gran mayoría de la doctrina entiende que no es posible dado que las circunstancias del asesinato exigen dolo directo. Aunque algunos autores defienden que el autor puede actuar con dolo directo respecto a la circunstancia constitutiva del asesinato, y en cambio con dolo eventual frente al propio resultado de matar.

El artículo 139 del Código Penal vigente establece que:

será castigado con la pena de prisión de quince a veinticinco años, como reo de asesinato, el que matare a otro concurriendo alguna de las circunstancias siguientes:

  • 1.ª Con alevosía.
  • 2.ª Por precio, recompensa o promesa.
  • 3.ª Con ensañamiento, aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido.
  • 4.ª Para facilitar la comisión de otro delito o para evitar que se descubra.

Cuando en un asesinato concurran más de una de las circunstancias previstas en el apartado anterior, se impondrá la pena en su mitad superior.

homicidio y asesinato Frente a los anteriores Códigos, han desaparecido dos circunstancias del asesinato: en primer lugar, ejecutar el hecho por medio de inundación, incendio, veneno o explosivo, que en el régimen actual podrán ser considerados como alevosos en su caso y, en segundo término, la premeditación, dada su difícil concurrencia en la práctica a la vista de su generalizada concurrencia en los delitos dolosos y se ha aumentado de 20 a 25 años la pena máxima en este tipo (que no incluye la preisión permanente revisable que veremos más adelante)

1.- Alevosía
Está legalmente definida en el párrafo segundo artículo 22.1 del Código Penal, según el cua:

hay alevosía cuando el culpable comete cualquiera de los delitos contra las personas empleando en la ejecución medios, modos o formas que tiendan directa o especialmente a asegurarla, sin el riesgo que para su persona pudiera proceder de la defensa por parte del ofendido”.

El fundamento de la agravación de la pena radica en un mayor desvalor de la acción, y ello por cuanto la utilización de los citados medios, modos o formas determinan una mayor peligrosidad objetiva de la acción.

De forma tradicional, la jurisprudencia viene distinguiendo tres tipos de asesinato con alevosía: proditorio, cuando la acción va precedida de trampa, emboscada o acechanza; sorpresivo, cuando tiene lugar un ataque súbito e inesperado; y por desvalimiento, cuando el autor se aprovecha de la especial situación de desamparo o indefensión de la víctima, como ocurre con los niños, ancianos, enfermos, personas privadas de sentido o dormidas, embriagados, narcotizados o en situación semejante. La situación de indefensión puede crearse por el propio autor del delito, o bien éste puede aprovecharse de la creada por otra persona, siempre que concurran los elementos objetivo y subjetivo que se examinan seguidamente.
Es una circunstancia de carácter mixto en la que concurre un elemento objetivo y otro subjetivo: es preciso emplear medios o formas destinados a asegurar el resultado; y es necesario que los mismos sean buscados de propósito por el autor para lograr la finalidad pretendida. Ambos elementos son exigibles en todo supuesto, aunque resulta problemática la concurrencia del subjetivo en el supuesto del desvalimiento: mientras la jurisprudencia ha venido aplicando la alevosía en estos casos, los autores exigen que el sujeto haya buscado o seleccionado de propósito la persona desvalida para garantizar la falta de defensa de la víctima, mientras que si aquél se encontró con la situación sería inaplicable la circunstancia agravante genérica del abuso de superioridad.

2.- Cuando medien precio o recompensa o promesa. Por su mayor reprochavilidad. Se trata de la persona que mata por precio.

Pero, ¿qué ocurre con la persona que ofrece la ventaja material? La doctrina entiende que deberá ser penado como inductor o cooperador necesario de un delito de homicidio, pero no de asesinato, habida cuenta que esta circunstancia de agravación solamente resulta de aplicación al autor material; aunque la jurisprudencia en alguna ocasión ha considerado que sí que es posible la inducción o la cooperación necesaria al asesinato.

3.- Ensañamiento Una tercera circunstancia consiste en matar “con ensañamiento, aumentando deliberada e inhumanamente el dolor mayor gravedad de la conducta, habida cuenta de la producción de males a la víctima innecesarios para la comisión del delito.
Para que concurra esta circunstancia es necesario, en primer lugar, un elemento objetivo consistente en la realización de actuaciones que produzcan realmente un incremento del sufrimiento o dolor de la víctima; por ello, no concurrirá cuando el autor actúe sobre personas ya muertas (por ejemplo el descuartizamiento de un cadáver) o sobre personas que, por estar inconscientes, no pueden sufrir dolor Y un segundo término, un elemento subjetivo consistente en que el sujeto activo tenga el propósito de aumentar inhumanamente el mencionado sufrimiento.

Si se admite que el asesinato es un delito autónomo frente al homicidio, los participes en el delito (inductores y cooperadores necesarios) responderán por asesinato cuando hayan tenido conocimiento de la circunstancia constitutiva del asesinato en el momento de la acción o de su cooperación para el delito.

En cambio, si se estima que es una forma agravada de homicidio, resultaría de aplicación lo dispuesto por el artículo 65 del Código Penal: la alevosía y el ensañamiento, como circunstancias objetivas, son comunicables a los partícipes que tengan conocimiento de ellas; mientras que actuar por precio, recompensa o promesa, en cuanto circunstancia personal y subjetiva, no es comunicable al partícipe.

PENAS DE ASESINATO

Sí concurre únicamente una de las circunstancias del artículo 139 del Código Penal, la pena prevista es la de prisión de 10 a 15 años.

Artículo 140 1. El asesinato será castigado con pena de prisión permanente revisable cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:
• 1.ª Que la víctima sea menor de dieciséis años de edad, o se trate de una persona especialmente vulnerable por razón de su edad, enfermedad o discapacidad.
• 2.ª Que el hecho fuera subsiguiente a un delito contra la libertad sexual que el autor hubiera cometido sobre la víctima.
• 3.ª Que el delito se hubiera cometido por quien perteneciere a un grupo u organización criminal.
2. Al reo de asesinato que hubiera sido condenado por la muerte de más de dos personas se le impondrá una pena de prisión permanente revisable. En este caso, será de aplicación lo dispuesto en la letra b) del apartado 1 del artículo 78 bis y en la letra b) del apartado 2 del mismo artículo.

Si concurren dos circunstancias del artículo 139, se impondrá le pena de 20 a 25 años (artículo 140); algunos autores critican la excesiva agravación de la pena en este supuesto. Por último, si concurren las tres circunstancias del citado precepto, dos de ellas justificarán la aplicación del artículo 140, mientras que la tercera será tenida en cuenta para la individualización de la pena ya que afecta a la gravedad del hecho.

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